Monday, October 4, 2010

Trozos que me gustaba

Nada de Carmen Laforet Barcelona:Destino 1945 Capitulo 5 pg 61 (al final) - 62

-He averiguado hoy que un violinista de que te hablé hace tiempo... te acuerdas?... además de llevar tu segundo apellido, tan extraño, vive en la calle de Aribau como tú. Su nombre es Roman. De veras no es pariente tuyo? - me dijo.
-Sí, es mi tío; pero no tenía idea de que realmente fuera un músico. Estaba segura de que aparte de su familia nadie más que él sabía que tocara el violín.
-Pues ya ves que yo sí que le conocía de oídas. A mí me empezó a entrar una liigera excitación al pensar que Ena pudiera tener algún contacto con la calle de Aribau. Al mismo tiempo me sentí casi defraudada.
-Yo quiero que me presentes a tu tío.
-Bueno.


Entre visillos - Carmen Martín Gaite Barcelona: Destino 1975 Capitulo 16, pg. 229 justo al principio de la página

-Papá- le ha dicho -, tú antes no eras asi, te vuelves como la tia.
Papá estaba muy perplejo. Se ha vuelto a mi, que me habia quedado callada sentada en la alfombra y me ha mirado, sin saber qué decir.
-A qué viene esto? Por qué me dices todo esto de golpe, precisamente tú?
Estaba muy dolido, pero no comprende que yo lo que quiero es ayudarle a ser más sincero, a darse cuenta de lo que tiene alrededor. No he conseguido que nos entendamos, he visto que es imposible y también toda su cobardia.
-Pideme lo que quieras -me ha dicho-. Pero no me vuelvas a hablar asi. Te lo doy todo, os lo doy siempre todo, los jóvenes son crueles. Dime lo que queréis de mi, y si puedo te lo daré.
Yo me he echado a llorar, no sabia en ese momento lo que tenia que pedirle. Sólo queria que alguien me consolara y me entendiera. Le he hablado de Gertu, de Mercedes, de Petrita, de cosas que me aprietan el corazón, pero he sido incoherente. Le he dicho que si tengo que ser una mujer resignada y razonable, prefiero no vivir.

Los hijos muertos - Ana Maria Matute Barcelona: Plaza y Jan
Nada de Carmen Laforet Capitulo 5 pg 61 (al final) - 62

-He averiguado hoy que un violinista de que te hablé hace tiempo... te acuerdas?... además de llevar tu segundo apellido, tan extraño, vive en la calle de Aribau como tú. Su nombre es Roman. De veras no es pariente tuyo? - me dijo.
-Sí, es mi tío; pero no tenía idea de que realmente fuera un músico. Estaba segura de que aparte de su familia nadie más que él sabía que tocara el violín.
-Pues ya ves que yo sí que le conocía de oídas. A mí me empezó a entrar una liigera excitación al pensar que Ena pudiera tener algún contacto con la calle de Aribau. Al mismo tiempo me sentí casi defraudada.
-Yo quiero que me presentes a tu tío.
-Bueno.


Entre visillos - Carmen Martín Gaite Capitulo 16, pg. 229 justo al principio de la página

-Papá- le ha dicho -, tú antes no eras asi, te vuelves como la tia.
Papá estaba muy perplejo. Se ha vuelto a mi, que me habia quedado callada sentada en la alfombra y me ha mirado, sin saber qué decir.
-A qué viene esto? Por qué me dices todo esto de golpe, precisamente tú?
Estaba muy dolido, pero no comprende que yo lo que quiero es ayudarle a ser más sincero, a darse cuenta de lo que tiene alrededor. No he conseguido que nos entendamos, he visto que es imposible y también toda su cobardia.
-Pideme lo que quieras -me ha dicho-. Pero no me vuelvas a hablar asi. Te lo doy todo, os lo doy siempre todo, los jóvenes son crueles. Dime lo que queréis de mi, y si puedo te lo daré.
Yo me he echado a llorar, no sabia en ese momento lo que tenia que pedirle. Sólo queria que alguien me consolara y me entendiera. Le he hablado de Gertu, de Mercedes, de Petrita, de cosas que me aprietan el corazón, pero he sido incoherente. Le he dicho que si tengo que ser una mujer resignada y razonable, prefiero no vivir.

Los hijos muertos - Ana Maria Matute Barcelona: Plaza y Janes 1958 Capitulo 1 Pg. 17

Alguna vez, ahora, Gerardo miraba el retrato de Margarita. Y en esos momentos parecia que su esposa no habia muerto. El cuadro grande, suntuoso, no valia gran cosa. Por eso aún estaba alli, en la pared de la gran sala destartalada  -...<<Margarita>>...- Con el vaso en la mano, alguna noche, antes de subir la escalera haciala alcoba, Gerardo levantaba los párpados hinchados, y la miraba. Los colores del cuadro se habian oscurecido bajo un polvo húmedo, pegajoso. Como humo de tumba.